Ser Paciente

Para ser un buen psicólogo hay que conocerse uno así mismo. Para conocerse así mismo hay que tolerar las emociones, experimentarlas y dejarse llevar por ellas. El mantener una actitud puramente intelectual hacia la vida psicológica puede ser expresión de una paradójica incapacidad para contener emociones internas. Muchos psicólogos representan el pináculo de la supresión emocional. El vivir en el mundo sin llegar a sentirlo. ¿Es la apreciación intelectual el único criterio válido para conocer el mundo?. ¿Cómo podemos intentar contener las emociones de nuestros pacientes, si no podemos con las nuestras?. Para ser psicólogo, primero hay que ser persona. Para ser persona hay que relacionarse, sentir, sufrir, ganar y perder emocionalmente. Hay que arriesgarse y desarrollar afecto hacia otros. Sin embargo, también creo que en la psicología clínica existe un doble juego donde el psicólogo debe facilitar una conclusión satisfactoria para su paciente, no sólo para sí mismo. El psicólogo puede pensar al final de la terapia que el paciente está curado porque no presenta los síntomas patognomónicos pero, ¿qué es lo que piensa el paciente?. La terapia puede ser vista como un juego de ajedrez donde el resultado es que ambos jugadores ganan. O también podría verse como un servicio de rescate donde el rescatado vuelve a ser dejado en el punto de partida, asumiendo que el rescate sólo consiste en proveer de una brújula y un mapa. Todo ello implicaría conocer muy bien los movimientos que las personas realizan y porqué los realizan. A mí me parece que muchas veces, los modelos psicológicos sufren de una extremada tendencia a normalizar a la gente, una tendencia a buscar principios de comportamiento relativamente invariables, cuando en realidad quizás las personas se rigen más por los cambios arbitrarios, la casualidad, la suerte o el oportunismo. Una buena manera de estudiar el desarrollo terapéutico de un paciente podrían ser el desarrollar una simulación de una situación terapéutica y convertirse en un paciente. Meterse en la piel del paciente, implica mucho más que ser empático, mucho más que ser inquisitivo. Meterse en el mundo del paciente implica ser un paciente. Conocer sus jugadas, sus movimientos, sus vacilaciones y sus certezas podría ayudar a saber qué es analizable y qué es simplemente un comportamiento producto del azar. El psicoanálisis tiende a no dejar nada al azar. Por alguna razón, tengo la impresión de que el azar y la necesidad son factore igualmente importantes en la vida psicológica de los individuos. Simulemos entonces, que yo soy un paciente y que atiendo a una consulta semanal con mi psicoanalista. Veremos qué pasa. El Paciente.
